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Adame y Castella triunfan en la Monumental

El francés Sebastián Castella y el regiomontano Juan Antonio Adame cortaron dos orejas cada uno, y con ello se proclamaron triunfadores de la corrida realizada ayer en la Monumental Monterrey, de donde salieron a hombros, mientras que el tlaxcalteca Sergio Flores cosechó un apéndice.

Castella dio muestra de su clase frente al primero de la tarde, de la dehesa de Boquilla del Carmen, un burel falto de fuerza, pero noble, ante el que estuvo bien a la verónica y con la franela logró tandas con temple, pero a la hora de pasaportar a su enemigo se puso pesado con el acero, dejó ir los trofeos y escuchó palmas.

El francés se topó con un astado difícil en su segundo, el cual rebrincaba en las embestidas, estuvo voluntarioso y logró algunos pases de buena manufactura, pero no pudo redondear, el burel vino a menos, terminó por regatear las embestidas y al final el coleta se fue sin trofeos.

En el de regalo, de la ganadería de Arroyo Zarco, Castella lució con el capote y con la muleta comenzó con un péndulo, aprovechó el recorrido de su enemigo para dar tandas por ambos lados, alborotó los tendidos, eliminó de entera en buen sitio y cortó dos apéndices.

Adame tuvo poca fortuna con su primero y tuvo silencio, mientras que en el quinto estuvo bien a la verónica y con la muleta logró derechazos de calidad, pero no tenía ligazón, el astado se fue a menos, el coleta estuvo voluntarioso, despachó de media estocada, surgió la petición de trofeos… y de manera errónea la autoridad le concedió dos apéndices.

El tlaxcalteca Sergio Flores logró una buena labor ante el tercero de la corrida, un burel que colaboró para el lucimiento del coleta, quien estuvo bien con el capote para llevarse el reconocimiento del respetable.

Con la muleta, el matador ligó tandas de derechazos y naturales con clase, por lo cual el “olé” en los tendidos no se hizo esperar, realizó una faena variada, toreó en redondo al ejecutar la dosantina y coronó al despachar al primer viaje, por lo cual el juez de plaza le otorgó una oreja. En su segundo escuchó un aviso.

El español Ginés Marín mostró clase ante el cuarto, logró algunas buenas pinceladas, pero no logró cuajar una buena faena y tras eliminar a su enemigo escuchó palmas.

Frente al cierraplaza, el ibérico mejoró su desempeño en el ruedo, dio muletazos con calidad ante un burel con poco recorrido, se pegó un arrimón y metió a su enemigo al engaño, pero dejó ir los trofeos al errar con la toledana.

Información: El Horizonte