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Arte y Figura

Continuamos con el libro “Antonio Bienvenida, El Arte del Toreo”, por José Luis Rodríguez Peral.

Torero de escuela

Se ha dicho en prosa y en verso que entre los de su linaje, Antonio era el torero que “brillaba más que el sol”.

La escuela de El Papa Negro también se ocupa de la formación humana de los hijos-toreros. “Para ser un buen torero [les decía Don Manuel] antes hay que ser un buen hombre. Perdonar las ofensas y no guardar rencor a nadie. Jugar limpio y en noble competencia, sin poner nunca en peligro la vida de los demás.

Desde el punto de vista profesional, además de sobre la técnica, los orienta sobre las necesidades y las capacidades personales.

Se trata de una auténtica escuela taurina, cuyos antecedentes se remontan a la Primera Escuela de Tauromaquia, la de Sevilla y que años después se repetiría en las decenas de escuelas que existen a lo largo y ancho de España, donde el que manda –con una autoridad indubitada- es el maestro.

Les enseña que el prestigio de la casa estaba por encima del de sus componentes. En una de las últimas actuaciones de Juan en Madrid, dio un petardo monumental, y abatido le dijo a su mozo de espadas que era la última vez que toreaba. Cuando se enteró su padre, llamó a Antonio a capítulo y le pidió “un gesto” que salvara la honra torera de los Bienvenida.

Como buen maestro utilizaba el palo y la zanahoria. Tanto valía reprender en público, como también públicamente ensalzar lo bien hecho.

Se ocupó de formar a sus toreros en todas las suertes, no sólo para conseguir una variedad de la que no andaba sobrada la fiesta, sino para dar respuesta adecuada a las necesidades que pudieran sobrevenir. Por ejemplo, se dice que enseñaba a los chicos a matar con la mano izquierda por si un accidente durante la lidia les impedía matar con la derecha.

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Redacción: Roberto Flores “El Nolo”

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