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Arte y Figura

ARTE

Y

FIGURA

POR “EL NOLO”

Continuamos con el libro “La Liturgia Taurina”, por Alejandro Pizarroso Quintero

El Vestido de Torear

El vestido de torear constituye uno de los elementos más característicos de la Fiesta. Todos los que participan activamente en la misma, en todas sus modalidades, se visten de una manera determinada, aunque permite numerosas variantes, responde a unas reglas esenciales como las de cualquier uniforme.

Un torero sale a la plaza vestido con un “traje de luces”; sin embargo, el término “traje” sólo se utiliza en este caso, pues predomina en el mundo taurino el término “vestido”.

Parece que todos los tratadistas están de acuerdo en que procede de los trajes “goyescos”, más o menos adornados, que se utilizaban en España en la segunda mitad del siglo XVIII, momento en que la corrida de a pie comienza a consolidarse de manera formal como un espectáculo.

Lo cierto es que en las primeras décadas del siglo XIX el traje de los toreros fue recargándose de adornos podemos afirmar que fue Francisco Montes el que lo fija de tal manera que el traje actual es una derivación de aquél. Montes introduce el uso de borlas o machos, de alamares, de lentejuelas o luces y de todas las novedades de la pasamatería para recargar el adorno del vestido, y rectifica su corte, acortando la chaquetilla y dando a las hombreras toda la importancia decorativa que auguraba ya la moda introducida por Costillares.

Mariano de Cavia, el gran Sobaquillo, atribuye a Jerónimo José Cándido en un soneto a él dedicado el uso de ornamentos por primera vez en el vestido de torear:

Trocó el justillo de ante, nada airoso,

Y el calzón montaraz, por el vistoso

traje de seda y rica argentería.

Continuará… Olé y hasta la próxima.

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