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Arte y Figura

ARTE

Y

FIGURA

POR “EL NOLO”

 

Continuamos con el libro “La Liturgia Taurina”, por Alejandro Pizarroso.

Las primeras plazas fijas construidas ex profeso para correr toros fueron de madera, como la más vieja de Madrid, construida cerca de la actual puerta de Alcalá.

Las plazas de fábrica más antiguas que se conservan son también del siglo XVIII, como la plaza de Béjar (Salamanca), de 1714; Campofrío (Huelva), de 1718; plaza cuadrada de Santa Cruz de Mudela (Ciudad Real), de 1722; la de Almadén (Ciudad Real), de 1757; la de Aranjuez, de 1770. Naturalmente habría que mencionar aquí a la más antigua de primera categoría, la plaza de Acho, en Lima, construida en 1766 e inaugurada en 1768. Sin olvidar la bellísima plaza de Ronda de 1785 y la de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, comenzada a construir en 1754, que fue completada en el siglo XIX.

Cuando la fiesta se había consolidado ya como un espectáculo urbano, comenzó la época de las llamadas plazas monumentales, que por su aforo podían hacer frente a la demanda creciente del público en los espectáculos taurinos. Se construyó así la de San Bernardo en Sevilla, que competía con la Maestranza y que terminó siendo destruida; la de Barcelona y alguna otra.

Tanto la vigente Ley Taurina como el Reglamento Taurino se ocupan de las plazas de toros.

Para las plazas permanentes se establecen las siguientes dimensiones: un diámetro de ruedo no superior a 60 metros ni inferior a 45 metros; barreras de 1,60 metros de altura que han de contar con 3 puertas de hoja doble y 4 burladeros equidistantes entre sí; un callejón “de anchura suficiente para los servicios propios del espectáculo” situado entre la barrera y el muro de sustentación de los tendidos de altura no superior a 2,2 metros.

Continuará… Olé y hasta la próxima. Arte y Figura

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