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Arte y Figura

Continuamos con el libro “Antonio Bienvenida, El Arte del Toreo”, por José Luis Rodríguez Peral.

El Papa Negro era el alquimista que añadía a la redoma en la que había instalado a sus hijos, dosis de conocimiento, técnica y arte, con el propósito de transmutar cinco muchachos en matadores de toros. Un proceso que, por el arte de birlibirloque, absorbiendo proporciones variables de cada uno de los componentes, dio a luz a cinco toreros distintos, aunque con el inconfundible aroma de la casa.

Encontrada la piedra filosofal capaz de transmutar hombres en toreros, el alquimista había de analizar el resultado de cada proceso, evaluando los diferentes precipitados:

Yo también quiero ser torero

Contaba Luis Miguel Dominguín, que Domingo González, su padre y fundador de otra de las sagas taurinas, refería que en su Quismondo natal decidió ser torero “no por vocación, sino como único remedio contra el mal vivir”. Otro tanto decía El espartero a propósito de las “cornadas” que da el hambre.

Tras sufrir muchas penurias que hubo de pasar El Papa Negro en Hispanoamérica para sacar a delante a su familia, en esos largos y tristes viajes para “hacer las Américas”, que sólo le reportaban fondos para “ir tirando”, y le obligaban a regresar a España de prestado, gracias a la generosidad de algunos amigos que corrían con los gastos de retorno, es probable que Manolo y Pepe Bienvenida quisieran ser toreros por la misma razón que Dominguín padre. Y, efectivamente, con el éxito de los dos niños toreros, llegarían los duros. La estabilidad económica primero, y la opulencia después.

Continuará… Olé y hasta la próxima.

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Redacción: Roberto Flores “El Nolo”

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