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Futbol Amateur

Cuando el lecho del río Santa Catarina se convirtió en el centro deportivo más grande del mundo, surgieron infinidad de promotores deportivos, metidos a entrenadores y se lanzaron a formar los clásicos equipos de barrio.
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Personas que en ocasiones no tenían ni un ápice en conocimientos de dirección técnica, mucho menos estudios sobre la materia, pero eso si, esa falta de conocimiento lo suplían con el entusiasmo emanado de la profundidad del corazón.
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Personajes que le hacían al mil usos, pues no solamente eran entrenadores, sino también cumplían con la función de delegado y hasta de patrocinador y promotor del futbol en el barrio.
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Elementos a quienes no les importaba el quedarse sin comer, pues su principal objetivo era el pago del arbitraje, la compra de balones y algunas playeras que identificaran al equipo, trabajo hecho solamente por el placer de ayudar a los niños y jóvenes a no caer en las garras del vicio.
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El día del encuentro eran los primeros en levantarse y de inmediato acudían a la casa de sus jugadores, con el fin de despertarlos para acudir a cumplir con el compromiso del juego de la jornada y para colmo, si el campo estaba un tanto retirado, era quien pagaba el camión a quienes no contaban con lo económico.
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Pero ese trabajo lo hacían con amor, por el cariño al barrio y a sus amigos, donde su única gratificación era verlos practicar el deporte y mantenerlos alejados de caer en las garras del vicio y la violencia, por ello surgieron infinidad de personajes que escribieron su nombre con letras de oro, en el libro del futbol amateur de Nuevo León.
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Por desgracia, este tipo de personas están período de extinción, ante la desaparición de ligas populares y campos donde jugar, gracias a la genialidad de las autoridades de vender el río Santa Catarina.

Somos un grupo de periodistas comprometidos con la difusión de todas las actividades deportivas profesionales y de aficionados, con énfasis en estas últimas.