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De Santiago luce torero, a pesar del aguacero

Cuando hay un torero en la plaza, como sucedió el pasado viernes pasado en la Monterrey, con Ricardo de Santiago, la gente, el público –que sigue muy escaso, lamentablemente-, los taurinos y hasta Panchito Villamelón, se emocionan y comienza el jaleo.

Tal sucedió con este torero potosino, quien con su torera actuación nos hizo evocar la figura de su desaparecido paisano, el gran torero mexicano-español que fuese el GRAN CURRO RIVERA, muerto hace ya varios años.

Buen y fino capote, arrojado y valiente en banderillas, De Santiago sacudió la tristeza, modorra y el miedo al “remojón” de la de lluvia y chaparrón de temporada y así –sobre la lluvia- lo pasearon a hombros, luego de un trasteo con la derecha muy torero.

Por su mente, muy seguramente “intuyó” que “Tapatío” de la ganadería de Enrique Fraga, estaba para citarlo a recibir a la hora de perfilarse a matar y también en esta suerte, final de su actuación triunfal, lo hizo con soltura y buenas maneras.

Dos orejas fueron el premio para una presentación feliz porque, para decirlo breve, surgió el buen toreo de su ánima que lleva dentro y, eso…se siente, conmueve y se premia con orejas.

Pedro Bilbao de Aguascalientes, ha mostrado que tendrá que luchar y mejorar su técnica. La ventaja que tiene está en sus escuelas toreras y en las visitas al campo bravo que se promueven.

Por su parte, el español Jorge Rico, como todos sus paisanos toreros, de inmediato deja ver que conoce la técnica. Sin embargo, en esta ocasión y dado el clima adverso de los aguaceros, sólo en momentos se hizo aplaudir por una escasa clientela que “hizo el cuarto vacío de temporada…”

 

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