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Triunfa San Martín en la Monumental

Ante alrededor media plaza en sombra y un tercio en sol, la mejor entrada en la ‘Temporada Chica’, la pasada noche de viernes se dio el cerrojazo final al Serial Novilleril 2018, donde el yucateco André Lagraver ‘El Galo’ fue el gran triunfador al indultar a su enemigo.

El bravo novillo ‘Moralista’, cuarto de la noche, numero 88 y de 400 kilos de peso de la ganadería de San Martín se llevó no sólo la noche, sino su existencia al serle perdonada la vida, luego ofrecer a lo largo de su emotiva lidia, las condiciones de bravura, codicia, fiereza, fijeza, ritmo, son, recorrido, acometitividad y fuerza, propicios para convertirse en semental.

‘El Galo’, mermado aún físicamente –con dos puntos de cicatrización abiertos de la cornada recibida hace dos semanas en La México–, estuvo apenas a la altura de las condiciones de bravura del codicioso burel, siéndole otorgadas las dos orejas y rabo simbólicas con las que dio triunfal vuelta al ruedo, en compañía del ganadero Juan Pablo Bailleres.

Con el ‘abreplaza’, Lagraver estuvo un tanto desconfiado ante la bravura áspera del enemigo en una faena donde ambos, torero y toro, no terminaron por entregarse. Sin embargo, con su segundo y cuarto de la noche, ‘El Galo’ decidido, lanceó con mucha clase las prodigiosas y temperamentales embestidas iniciales de ´Moralista´. Remató su faena por ‘manoletinas’ ante la explosión eufórica del respetable que se negó a que el astado fuera estoqueado, siendo concedido el indulto por el juez de plaza, don Antonio Quiroga Escamilla.

En tanto, el novillero regiomontano Juan Padilla al parecer ha sido víctima de su propia presión por triunfar en ‘casa’, viéndose un tanto desangelado en el buen lote que le tocó en suerte, al sustituir la garra y el deseo de ser torero, por solo detalles, posturas y desplantes de figurín, que no le valieron a pesar de haber recibido de hinojos en los medios a sus dos enemigos, ofreciéndole poco rendimiento para abonar a su cuenta, tras los desacertados intentos con el acero.

Finalmente, el diestro hidrocálido Héctor Gutiérrez lució su clase ante los dos enemigos que le tocaron en suerte, a los que malogró lo realizado ante ellos, con la espada, saliendo en blanco de la plaza.